Publicidad:
Terra
La Coctelera

si algo puede ir mal irá mal..

Algo andaba mal y no era solo mi vida, sino que efectivamente al llegar al aeropuerto nada había salido según lo planeado, había gente por todos lados y una huelga que prometía paralizar las salidas de los vuelos, pero ya estaba ahí. Por momentos sentía que la felicidad me embargaba, todo se salía de su cause y a la vez nada cambiaba como se habían sucitado los acontecimientos.

Los nervios del viaje no me habían dejado dormir lo suficiente como para enfrentar lo que el día me iba a deparar. Salimos de Palomar, fuimos en colectivo y se hizo interminable, hasta finalmente subirnos a un avion prehistorico, plagado de olores y de recuerdos de otros tiempos. Desanimados y sin alternativas emprendimos el vuelo. Éramos pocos para lograr colmar la inmensidad de asientos que tenia, con lo cual nos distribuimos a nuestro antojo, los chicos al frente y los solitarios al fondo.

Tal era el desconcierto que no se escucho un solo llanto de fastidio, nadie apostaba nada a que ese mamotreto despegara o que alguien haga contacto con nosotros para darnos las explicaciones del caso.

Ya en vuelo, todo se empecinaba a darle aires de normalidad a la situación y los azafatos hacian las delicias de una autentica primera clase. Finalmente anuncian que el vuelo terminaría en Bariloche, a lo que me apresuro a preguntar cual sería el destino de los que teniamos que llegar a Esquel, por supuesto que era incierto y nefasto. Algo andaba mal, y la felicidad surgia casi como una burla a mi espiritu aventurero. Nadie se percataba que la situación se iba de cause? Parecia que nadie lo veía, con una entrega absoluta nos dirigiamos a lo incierto, luego de varias horas de colectivo llegue, cansada y harta a Esquel, lista para dar la cara y las explicaciones del porque mi vida habia cambiado caprichosamente y sin dominio de la situación.

Al enfrentarme a mi padre, sentia su impotencia ante mi situación, lo que en otro momento hubiese sido nada mas que un mal viaje, en ese momento era la mismísima Odisea de Ulises al regresar a su Ítaca natal.

Cuando uno se va de su tierra, retiene imágenes, situaciones, olores familiares, y el porque del que se esta yendo. Todo parecía diferente, no se si eran los fines del verano que se iba y el recuerdo de haber estado ahí hasta hace tan poco tiempo pero quería irme y no ver a nadie, ya que sentía que nadie entendería lo que estaba sintiendo o la incertidumbre que me embargaba.

Cuando comenzó el año, lo que debía ser felicidad de un futuro certero se transformo en un sin fin de penas. sentí que ya nada malo en este año podía ocurrir, que mi cuota de mala suerte se compadecía y en vez de una entrega mensual ingresaba toda junta en una sola cuota agónica, pero no era así solo era un anticipo de una sucesión de hechos mal obrados por el destino. No es curioso que repita la palabra destino pero era el título y la obra completa la que así llamaríamos de ahora en más. Mi alma profética! No se donde lo escuché pero tiene mucho que ver conmigo y siempre la repito. Mi compromiso estaba roto, me sentía deshonrada, como una tragedia andaluza, casi como si la recitara Lorca. Volvía a empezar una vez mas. Cualquiera que lea esto pensaría que exagero la situación, pero para lo que había vivido en mi vida, lo único que mostraba como aliciente se me desmoronaba y sentía que intentaba salvar pedazos de lo que ya estaba hecho añicos y que para mi eran invaluables. Todo fue repentino y hasta el día de hoy no tiene una explicación lógica, sí miles de suposiciones alimentadas en el desvelo y agrandadas por la pena, pero el que me las debía no me las daba y no se asomaba ni una esperanza a que por fin apareciera.

sistemas

Este es el principio de una larga odisea de desinfortunios, los que serán relatados de la manera mas objetiva posible.

Todo empezó con un viaje, como suele suceder, ante los avatares, las ganas de hacer participe a tu memoria te lleva a escribir. Porque el pasado que uno se acuerda no tiene tiempo. Así pasa con el amor, a veces tenemos recuerdos desfigurados, porque así fueron guardados tal y como los queríamos almacenar en nuestra memoria, no tienen dimensión ni material ni temporal.

La conciencia se encarga de purgar esos recuerdos y de mezclarlos con sensaciones que revividas jamás cobran vida tal y como sucedieron.

A veces pensamos que las cosas suceden por alguna razón divina o trascendental, pero la mayoría de las veces ocurren porque uno fuerza los límites de las posibilidades. Esto me lleva a preguntarme en que estaba pensando cuando deje que me ocurriera esta cataratas de acontecimientos =?, que ya me atrevo a llamarlos despojos del destino, porque la manera en que se presentaron me demuestran que lo que esta reservado son despojos.
Cuando viaje a xxx para semana Santa del 2005, sentía que mi cuerpo se movía casi sin sentido y que debía seguir, porque jamás baje los brazos, nunca supe lo que era abandonarse a la suerte del tiempo, por miedo, por impotencia de querer cambiar el curso de las cosas.